miércoles, 26 de julio de 2017

Notre Dame de Paris

Cuando llegué a Paris de los primeros monumentos que visité fue Notre Dame y desde ese día me enamoré de ella. Me encanta verla porque es como en una pintura de Monet, en cada estación del año o a diferentes horas del día cambia. En la mañana parece tan pura y fresca, a medio día luce agobiada y es en la tarde/noche que nos ofrece lo más maravilloso de ella. La luz la hace ver radiante, dulce e imponente. 



Así que pensar en un París sin Notre Dame es simplemente inconcebible. Sin embargo si Víctor Hugo no hubiera escrito Notre Dame de Paris, esa sería la triste realidad.  Notre Dame comenzó a construirse en 1163 y la terminaron en 1345, es una clara representación (y de las pocas que quedan en Paris) del arte gótico. Pero en 1789 durante la revolución francesa (la misma del libro anterior, Historia de dos ciudades), iglesias, castillos y monumentos que representaban la monarquía fueron saqueados, destruidos o utilizados con otros fines. En el siglo XIX, Notre Dame se encontraba en tan mal estado que decidieron destruirla y utilizar la piedra para hacer puentes. Es aquí donde nuestro héroe entra, pues Víctor Hugo se oponía y decidió escribir Notre Dame de Paris [1]… ¡y funcionó! Ella sigue ahí para deleite de tantos turistas y sobretodo mío, porque para mí París es Notre Dame.
Entonces para una enamorada de Notre Dame era imposible no leer el libro que la salvó, al que le debo todo mi respeto y mi eterna gratitud. Sin embargo dudé mucho en hacerlo, porque pues…hmmm… es ¡Víctor Hugo! Su simple nombre impone y siempre me había dado miedo leerlo. Pero lo hice y tengo que reconocer que todo sabía hacer Hugo, es una historia tan rica, bien escrita, profunda y accesible a todos.
Creo que la mayoría nos hacemos una idea de lo que habla, gracias Disney, y tengo que reconocer que el principio es muy parecido a la película, pero luego todo se vuelve más complicado y menos sueña, sueña… Pero la idea general es esta: un archidiácono, Frollo, obsesionado de una linda gitana, Esmeralda, quien a su vez está enamorada de un militar Phoebus y un jorobado noble que trata de ayudar a Esmeralda… porque él también está enamorado de ella.
Aunque en el libro Frollo es el personaje más interesante, un archidiácono (en ésta época los diáconos no eran laicos, como ahora, lo que les prohibía casarse) inteligente, cultivado, interesado en la ciencia (alquimia), de gran corazón, solo que tiene un problema… se enamora de Esmeralda. La cual me pareció de lo más tonta, digamos que los personajes femeninos de Hugo no se caracterizaban por su cerebro e independencia. Por cierto, la cabra Djali si existe en el libro y tiene más inteligencia que Esmeralda. Phoebus es un soldado egoísta, superficial y también bastante estúpido. Y al último nos queda Quasimodo… awwww… Quasimodo. Aunque lo seguimos mucho menos que a Frollo, es difícil no encariñarse con él, quererlo agarrar a besos y decirle ¡no me importa que estés feo, yo te quiero! Es simplemente el héroe y la representación del verdadero amor.
Y además de la maravillosa historia, Víctor Hugo intercala capítulos para hablarnos del arte gótico, de alquimia, de reyes franceses y de Paris en 1482; el cual es un deleite pues se da una idea de cómo era París en pleno siglo XV, cómo ha cambiado y qué es lo que aún queda en pie.  
Unos días más tarde de que terminé el libro me encontré en el metro dos guatemaltecos, después de las preguntas de cajón me contaron que iban a utilizar su mañana para ir a ver a Quasimodo. Yo sonreí y quería decirles “lo conozco bien, si suben a las torres seguramente lo verán columpiándose junto a Marie”


Nos seguimos leyendo. 

Foto: http://www.nyhabitat.com/blog/category/paris/paris-travel-guide/
Litografía: Steinheil, 1844 (Museo Maison de Victor Hugo)

lunes, 17 de julio de 2017

Festejando el 14 de julio

El 14 de julio se celebra la fiesta nacional francesa, la toma de la Bastilla. La Bastilla era una prisión y su toma, en 1789, representó el fin de la monarquía absoluta. La cual termina* con la decapitación de Luis XVI y María Antonieta en la guillotina.
Antes, el 14 de julio significaba día feriado y tres horas obligatorias frente a la televisión para ver el desfile (la ventaja es que siempre hay croissants en la cama). Pero este año fue diferente y todo se lo debo a un libro.








El mes pasado leí Historia de dos ciudades de Charles Dickens, sin saber mucho de lo que iba. Lo único que me motivó a leerlo fue esto (cita que encontré en una tesis de Química, si los químicos también tenemos alma de poeta):

Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempo, la edad de la sabiduría y también de la locura, la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada…"

¿Quién no muere de ganas de leer el libro con ese comienzo? Yo no me resistí y puedo asegurarles que es de lo mejor que he leído éste año. Es más, Dickens ya está entre esos escritores que quiero leer todo.
Historia de dos ciudades fue una explosión de sentimientos y un despertar en mi cerebro con respecto a la historia de Francia, y más que eso, a una realidad social. Porque durante algunas páginas te paseas por Francia del siglo XVIII, te codeas con su gente, hueles su miseria y te duelen sus injusticias. Además la historia de los protagonistas es inesperada, en un principio no entiendes qué relación hay entre ellos o cómo todo eso va a tener sentido al final. Pero lo tiene y es maravilloso. Yo terminé llorando de tristeza y alegría, por los personajes, pero sobre todo por un pueblo… un pueblo que ya siento como mío. Y es gracias a este libro que entiendo ese orgullo que siente Mr J al escuchar la Marsellesa (himno francés) o su respeto por la república al ver el desfile cada 14 de julio.
Éste libro es ideal para todos, ya sea porque les gusta la Historia o porque prefieren una buena historia.
Nos seguimos leyendo

*Decir que termina es muy aventurado, ya que hubo la restauración de la monarquía en 1814 con Luis XVIII. Pero esa es otra historia.

Pintura: La Rue Montorgueil, Claude Monet 1878 (Musée d'Orsay)


En la búsqueda del tiempo perdido, o solo perdiendo el tiempo. Enamorada de los libros y los sueños que nos hacen vivir.

2017 Reading Challenge

2017 Reading Challenge
Ana has read 19 books toward her goal of 30 books.
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