lunes, 16 de marzo de 2015

Cocinando recuerdos

Siempre he pensado que pequeños detalles nos hacen volver a vivir, como esa famosa Magdalena de Proust. Yo soy una eterna enamorada de los recuerdos, sin que eso signifique no me guste vivir el ahora. Los recuerdos son un viaje espacio – temporal que nos hacen recuperar a la gente que ya no está con nosotros y los lugares donde fuimos felices, así nada está perdido y todo queda guardado para siempre. Sin embargo nunca pensé encontrar el olor de tortas de chorizo en pleno metro de Paris con las palabras de un libro.
En realidad empecé a leer Como agua para chocolate de Laura Esquivel buscando recuerdos de mi infancia, de esa película que tanto me gustó cuando era niña. Pero no imaginaba que más que revivir una película, reviviría el sabor de mi México, de mi cultura y de mi identidad. He leído algunos libros que relatan la vida en Francia y me han gustado mucho, pero ninguno me ha despertado tantas emociones como el de Laura Esquivel. Desde las primeras páginas regresé a la cocina de mi abuela en Pozos, a ese olor a leña y frijoles, a esas tardes llenas de olores cuando esperaba que el pan estuviera listo en la panadería y sobre todo a todos esos momentos compartidos con ella, que construyeron lo mejor de mi niñez. Este libro me permitió recordar lo que significaba ser mexicana en la época de mi abuela.  Cuando las mujeres se ocupaban de cocinar todo el día, su principal problema era qué se va a hacer para la siguiente comida. Y por primera vez lamenté no haber aprendido la cocina de mi abuela, me entristeció saber que no habrá quien la haga más y que todo se fue con ella. Quizás no era la mejor, pero era la suya y la de su familia.
Entonces decidí construirme mi propia cocina, que quizás un día podría enseñarle a un hijo, o simplemente que él recordaría en su edad adulta el olor de la cocina de su madre. Lo primero que quise fue hacer los ejotes de mi mamá, para comenzar una tradición. Llamé a mi mamá e hice todo como ella me lo indicó, pero el resultado no fue el mismo y lo único que conseguí igualar fue la cantidad de sal. Al principio me entristeció, pero luego recordé cuando una vez hizo los ejotes tan salados que nadie podía comerlos, claro que por educación no decíamos nada. Hasta que ella se sentó y los probó, diciendo “como que se me paso la sal, ¿no?” Recordando esto me ataqué de risa y decidí construir desde cero mi historia culinaria. Entonces ayer me puse a hacer un pastel marmoleado. Sin entrar en detalles, solo tengo que contar que fue un completo desastre. Se me quemó y no sabía a gran cosa, solo una especie de tamal de chocolate que me recordó al pastel que hice con mi mejor amiga en la secundaria. Ella es mucho mejor que yo en la cocina pero a veces se le olvidan los huevos o cambia la harina de pastel por harina de tortillas, como en el caso de susodicho pastel.  Así que después de mis fracasos en la cocina me doy cuenta que si algo podré heredar es mi manía por la limpieza, que eso si es algo muy Gutiérrez y transcurrido generaciones.
La cocina se la dejaré a mi esposo, después de todo cuando un hombre sabe cocinar lo llega a hacer mejor que una mujer. Y afortunadamente ya no vivimos en la época de Mamá Elena, ahora él se ocupará de la alimentación y a mí me tocara la reparación. ¡Hurra, por los tiempos modernos!

lunes, 9 de marzo de 2015

Todas tenemos una Bridget Jones en nosotras… o quizás no

En el 2001, siendo apenas una adolescente de 19 años, descubrí “el diario de Bridget Jones”. Rápidamente me sentí identificada, no con la mujer que era, sino con esa que soñaba ser. Independiente, divertida, distraída, con excentricidades y en busca del hombre perfecto. Me divertí mucho con esa película y con la idea de que tal vez había por ahí un Mark Darcy que me “amara de la manera que soy”. Pues mi única semejanza con ella era la búsqueda del verdadero amor.
Tres años más tarde apareció el segundo episodio, “Bridget Jones, la edad de la razón”. Recuerdo haber visto la película en el pequeño cine del centro de Guanajuato acompañada de mi madre.  En realidad no tengo una escena de la película que me haya marcado fuertemente, pero sé que nunca había reído tanto en el cine como esa vez. Creo que mi mamá se preguntaba si en realidad tenía la inteligencia necesaria para terminar una carrera.
Así que cuando anunciaron un tercer libro “Bridget Jones, loca por él” no pude más que estar muy emocionada y ansiosa porque la película apareciera. Poco tiempo después aparecieron las fotos de Renée Zellweger flaca y acabada, que me pregunté si ella podría ser Bridget. Con el temor de que pusieran a Jennifer Lawrence en ese papel, además del tiempo de espera para la película, decidí leer el libro. Para ese entonces las traducciones en francés o español no estaban disponibles aún y mis únicas opciones eran los dos primeros tomos, así que decidí comenzar por el principio como debe de ser.  
El primero lo leí en el tren entre Paris – La Rochelle. Terminé el libro en ese viaje, lo cual no es extraño pues es literatura de tren. Pero disfruté mucho ese reencuentro con mi vieja amiga. Descubrí muchas cosas que no aparecieron en la película y su personaje me pareció aún más hilarante en el libro. Tan es así que terminaba atacada de la risa en medio del silencio, lo que me obligaba a contarle a mi esposo lo que leía y él terminaba por robarme el libro y reír a su turno. En realidad me quedó muy buen sabor de boca que cuando encontré el segundo tomo en un mercado de pulgas no vacilé en comprarlo.
Y así llegamos al día de hoy, donde me encuentro leyendo el libro. Desde sus primeras páginas sentía que algo había cambiado, que algo estaba mal. Como una relación que se desgasta y un día las personas se dan cuenta que ya no son los mismos, que ya no hay nada en común. O simplemente, hay una que evolucionó y la otra se quedó estática. Para empezar es menos divertido que lo que yo esperaba, llegando al punto de cansarme. Lo más chistoso ha sido cuando ella termina drogada en Tailandia, lo que supera por mucho a la escena en la película.  Hablando de la película, me doy cuenta que la historia contada en el libro no tiene  mucho en común con la película. Hay personajes y situaciones que se parecen, pero lo esencial esta cambiado. Pareciera que la película fuera adaptado para remediar la carencia de momentos divertidos del libro. Que por primera vez, en lo que a mi corresponde, la película es mejor que el libro.
Pero lo que más me molesto fue rencontrar una Bridget de treinta y tantos años, con la única obsesión de encontrar un hombre o no perder uno. El cual pareciera navegar por otro planeta y no darse cuenta de nada, hasta que llega su momento de aparecerse para salvarle la vida a Bridget. También encontré una Bridget que no es capaz de comprometerse seriamente en su trabajo, dónde además es humillada por su jefe. Una Bridget que basa su vida en sueños de papel y en el número de calorías y alcohol que consume. Una mujer ignorada por su madre y con un padre alcohólico. No sé cuál es el mensaje que quiere dar la autora con este personaje. Pero si eso es lo que significa ser una mujer libre y moderna, prefiero regresar a la época de George Sand o Marie Curie, cuando las mujeres peleaban por existir en medios completamente masculinos.
No sé si leeré el tercer libro. Quizás la muerte de Mark Darcy y dos hijos le den un poco de madurez a Bridget. Pero leyendo el prólogo del libro no me dan muchas ganas de continuar. Quizás Bridget y yo fuimos hechas para una historia de un solo viaje.

En la búsqueda del tiempo perdido, o solo perdiendo el tiempo. Enamorada de los libros y los sueños que nos hacen vivir.

2017 Reading Challenge

2017 Reading Challenge
Ana has read 19 books toward her goal of 30 books.
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