martes, 22 de diciembre de 2015

Las cenizas de Ángela, una infancia irlandesa

3. Un libro que se convirtió en película

Las cenizas de Ángela, una infancia irlandesa (Les Cendres d’Angela)
Frank McCourt
Pocket
ISBN 978-2-266-20527-6
539pp

Paris, 22 de diciembre 2015

Este libro lo elegí porque hace mucho vi la película y me gustó mucho, tan es así que aún tengo imágenes grabadas en mi memoria. Así que cuando descubrí que era un libro en una de esas tantas listas de los libros que tienes que leer, no dudé en hacerlo.
Normalmente no cuento la historia de los libros que leo, pues son tan conocidos que todo mundo sabe de lo que hablan. Pero no sé si Las cenizas de Ángela sea conocido o no, así que dejo en palabras del autor este cometido: Cuando pienso en mi infancia, el solo hecho de haber sobrevivido me sorprende. Claro que fue una infancia miserable: una infancia feliz no vale la pena que uno se detenga. Peor que la infancia miserable ordinaria es la infancia miserable en Irlanda. Y lo peor es la infancia miserable en Irlanda católica.
Creo que esta simple frase ayuda a comprender de lo que trata el libro en una forma muy simple. En realidad lo interesante de este libro es saber que ese niño es el autor y que todo lo que vivió le permitió ser el hombre que fue. En algunos lugares leí que Frank McCourt exageró quizás un poco la historia, yo diría que más bien la convirtió en novela, una novela que ganó el premio Pulitzer en 1997.  Porque al principio no entiendes como alguien que viene de medios tan pobres llegó a escribir  una novela tan apreciada en Estados Unidos. Pero conforme se avanza en la historia, uno comienza a darse cuenta que a pesar de su pobreza siempre estuvo rodeado de libros, que la lectura era algo que él siempre amó. Que siempre encontró personas en su camino que lo motivaban a ir más allá de lo que se esperaría para un pobre chico irlandés. Y que a pesar de recibir una educación católica muy estricta había profesores que le decían: Ustedes tienen que aprender a estudiar para construir sus propias ideas sobre la historia y el resto, porque es imposible mientras el espíritu está vacío. Entonces, mueblen su espíritu, muéblenlo. Es la casa que protege su tesoro y nadie en el mundo puede meterse en el interior… su espíritu es su casa, y si la llenan de muebles traídos de cines, se echará a perder en su cabeza. Pueden ser pobres, sus zapatos pueden dar lástima, pero su espíritu es un palacio.
Eso es algo que me recordó mi educación, la fuerte presencia de la religión en la vida. Lo que está bien y mal esta dictado por la iglesia. Todo es pecado y solo hay que vivir para agradecer a Jesús lo que hizo por nosotros. A mí me sorprendía ver a Frank ir siempre a la iglesia y rezar con San Francisco de Asís, nunca perder la fe a pesar de las adversidades. Y eso va ligado al hecho de que Frank describe todo lo que le pasaba con ojos de niño, con la inocencia que caracteriza a un niño. Que en lo personal me pareció difícil de creer que pudiera guardar esa forma de ver la vida con todo lo que pasaba a su alrededor. Para mí un niño en esas circunstancias es obligado a crecer y madurar antes de lo previsto. Entonces el personaje de Frank me pareció un poco irreal, como que le falta algo, hasta que llegas a los 14 años y él se vuelve más humano.
Tal vez es muy pronto para que conozcan mis gustos en libros, pero como dice mi esposo, entre más horrible sea la desgracia del ser humano más me gustan y tiene razón. Me encantan los libros con personajes llenos de traumas existenciales, vicios, hambre y desgracia (es por eso que adoro a Emile Zola y Michel Houellebecq). Ahora me doy cuenta que no es que me gusten las historias horribles, más bien me gustan los personajes complejos que pelean entre el bien y el mal. Que tienen respuestas humanas y por lo tanto yo puedo identificarme con ellos. En ese sentido, este libro me pareció un poco desabrido. Como que le falto sal, porque lo importante no es contar desgracias sino saber contar historias.


viernes, 4 de diciembre de 2015

Orgullo y Prejuicio

2. Romance clásico
 
Orgullo y Prejuicio (Orgueil et préjugés)

Jane Austen
Le livre de Poche
ISBN 978-2-253-08890-5
501pp









Paris, 03 de diciembre 2015
Cuando el reto literario me propuso un romance clásico, lo primero que pasó en mi cabeza fue una historia de amor de esas que todas las mujeres soñamos: el príncipe azul que se casa con la pobre chica llena de sueños e ideales. Así que cuando leí Anna Karénine sentí que algo me faltaba a pesar de que adoré el libro. Entonces decidí hacer un segundo romance que acabaría con el vivieron felices para siempre.
En la información de mi perfil escribí que siempre sería una pequeña niña enamorada de las historias de Jane Austen. Aunque reconozco que conocía más a Jane Austen por sus adaptaciones al cine o la televisión, hasta que leí Sensatez y Sentimientos en el mes de marzo. Fue en ese momento que me di realmente cuenta que Jane Austen sabe escribir historias de amor como me gustan, así que lo más lógico era leer algo de ella. Desde hace algún tiempo (desde que no tengo Facebook, para ser exactos) me ha dado por ver videos de booktubers. En muchos de ellos hablaban de Orgullo y Prejuicio, ya sea porque muchas de ellas sueñan con ser como Miss Elisabeth Bennet o encontrar un Mr Fitzwilliam Darcy, que me dije por qué no leerlo.
Hay que reconocer que las historias de Jane Austen no son muy complicadas y el hecho de comenzar a leer Orgullo y Prejuicio después de haber leído Anna Karénine no me ayudó mucho. Pues es cierto que Anna Karénine es una historia compleja, llena de personajes atractivos y de una narrativa maravillosa, que me sentí un poco desilusionada cuando comencé a leer Orgullo y Prejuicio. Al principio creí que se debía a la traducción (del inglés al francés), pero terminé por reconocer que fue un error querer comparar la literatura rusa de finales de XIX con la literatura inglesa de principios del mismo siglo. Son estilos y temas muy diferentes. Una vez entendido esto comencé a disfrutar mi libro.
Fue así que finalmente me permití conocer a Lizzy y su familia, los Bennet. Reí tanto con ellos, el humor cínico del padre, la madre que daban ganas de patearla al igual que las hijas menores Kitty y Lydia, Mary que vive en su mundo de libros, y claro esta Jane y Elisabeth. Viví con ellos en Longbourn, asistí a sus bailes y coqueterías, tomé el té con ellos, caminé con ellos en los jardines ingleses y lo más importante me enamoré de Mr Darcy como Elisabeth y muchas, muchas mujeres en todo el mundo. Porque Mr Darcy es “el hombre ideal” desde un punto de vista totalmente romántico. Pues en realidad yo prefiero un hombre más abierto y con mejor sentido del humor… pero es otra historia.
Y estoy de acuerdo con muchos comentarios ya hechos sobre Elisabeth Bennet. Ella es una mujer “revolucionaria” en su época. Prefiere leer y caminar a buscar marido, es capaz de decir su opinión y no callar aunque las reglas sociales exijan lo contrario y lo más importante, casarse por amor. Claro que visto con los ojos de una mujer del siglo XXI, todo esto parece muy absurdo. Pero sobretodo no hay que olvidar la época en la que fue escrito. Y es aquí donde reconocemos a Jane Austen, pues ella al igual que Elisabeth, fue alguien revolucionario en su época. Prefirió dedicarse a escribir a casarse con alguien que no amaba, aunque en un principio los libros aparecían a nombre de su hermano Henry Austen y es hasta después de su muerte que éste decide publicarlos al nombre de Jane.
Pero hay cosas que no cambian a pesar de los años. Mientras leía Orgullo y Prejuicio, una compañera de trabajo me platicaba sus penas de amor típicas en una mujer. Después de querer razonar con ella me apareció esta cita en el libro: “Lo que ama una joven, además de casarse, es tener penas del corazón de vez en cuando. Esto le da materia para reflexionar y eso la distingue de sus amigas” (Ce qu’aime une juene fille, à part se marier, c’est avoir une peine de coeur de temps à l’autre. Cela donne matière à réfléchir et cela la distingue de ses amies), le pasé el libro para que la leyera, ella sonrió y desde entonces no me ha vuelto a hablar de sus penas de amor.
Al final de cuentas los hombres deberían leerlo para que entiendan la forma de pensar de las mujeres enamoradas y las mujeres para que encuentren a ese hombre perfecto que buscan, pues la realidad es diferente. Pero como diría Elisabeth cuando decide casarse con Mr Darcy : “Yo soy más feliz que Jane, ella solo sonríe, yo río” (Je suis même plus heureuse que Jane: elle ne fait que sourire, moi je ris). Asi me siento yo cuando comparo a Mr Darcy con mi esposo.
El libro lo terminé ayer mientras estaba tirada en cama con un catarro (es mi lado masculino, un catarro me mata) y tengo que reconocer que fue el mejor momento para hacerlo. Entre cobijas, medicamentos y té, con el frio bien instalado, solos mi libro y yo.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Anna Karénine

2. Un romance clásico

Anna Karénine
Léon (Lev) Nicolaïevitch  Tolstoï
Folio classique
ISBN 978-2-07-039252-0
858 pp.











Paris, 13 de noviembre 2015.

Como muchas personas conocí Anna Karénine por las películas, la versión de 1997 y la última de 2013. La primera me dejó un amargo sabor de boca y una especie de repulsión hacia esta mujer adúltera, que abandona a su maravilloso esposo por una aventura. Mientras que la segunda me intrigó mucho. Primero por la forma en que está filmada, como una obra de teatro con escenarios en cartón. Y segundo porque me di cuenta que la historia de Anna Karénine no es solo la historia de la mujer que engaña a su esposo, sino también una historia compleja, llena de personajes interesantes y un paseo por la sociedad rusa de la época. Por eso, cuando en el reto había un romance clásico y mi librera me recordó Anna Karénine, no dudé ni un minuto en incluir este título.
Leer Anna Karénine me permitió realizar un viaje por Rusia de finales de 1800, pero sobretodo de conocer a Léon Tolstoï, su forma de escribir y a él mismo. A partir del momento que comencé a leer el libro, supe que algo estaba cambiando en mí, que estaba descubriendo a alguien que me dejaría huella para siempre.
Y ahora me doy cuenta que reducir Anna Karénine a un libro de amor, lleno de princesas y bellos vestidos, es como decir que el sol sirve únicamente para iluminar el día. Pues después de todo la historia de Anna Karénine es solo el hilo conductor de muchas historias, cada una más maravillosa que la otra. Es cierto que Anna Arkadyevna Karénine y Alexis Alexandrovitch Vronsky tienen una apasionada historia de amor, pero creo que al final fue lo que menos disfruté del libro. La historia me hizo recordar tanto a Ariane y Solal de Bella del Señor, la mujer que deja todo por el amor,  viven un tiempo felices y después llega ese punto de aburrimiento en pareja, los celos y la desgracia. Creo que lo que más me fascinó de su historia fue el final de Anna, mientras leía esas líneas mi respiración se detuvo por unos instantes hasta exhalar fuertemente. Simplemente maravilloso como Tolstoï describe ese momento.
Pero lo más interesante de Anna Karénine es ese viaje por un país que yo no conocía, pues Tolstoï te describe Moscú, San Petersburgo y la campaña rusa. Una de mis partes favoritas, que se quedará anclada largo tiempo en mi memoria, es cuando describe el trabajo del campesino. Su cansancio, su esfuerzo, su hambre y sus deseos de terminar. Cuando leía eso fue como recordar pinturas de campesinos que alguna vez había visto en el museo y así cada vez que vuelva a verlas, recordaré lo que Tolstoï me hizo sentir.
Además Tolstoï le da voz a cada miembro de la sociedad, los nobles, políticos, militares, terratenientes y campesinos tienen su momento en el libro. Hasta los animales tienen voz propia, tal es así que durante unas líneas me sentí perro, corriendo por el bosque en búsqueda del pájaro a cazar, enojada porque mi amo no hace lo correcto y la presa puede escapar.
Hay sobre todo un personaje que hace de este libro una obra del realismo, Lévine. Creo que todos los que hemos leído Anna Karénine sufrimos con el desamor de Lévine, con sus sueños frustrados, luchamos en sus batallas por la igualdad de los campesinos e intentamos entender cómo mejorar la vida de ellos. Nos enamoramos de él y de Kitty. Viajamos con él haciéndonos preguntas de existencialismo. Intentando saber quiénes somos y cuál es nuestro objetivo en la vida. Y lo más hermoso de todo es saber en alguna forma Lévine es Tolstoï. Pues gracias a los pies de página (adoro los libros con pies de página) te das cuenta que Tolstoï se basó en varios hechos de su vida para escribir sobre Lévine, como es la forma en que le pide matrimonio a Kitty, su relación entre él y el campo, su búsqueda de ideales y de una fe. Encontré un artículo intitulado Lévine, el doble de Tolstoï que escribe mejor que yo esta relación Lévine/Tolstoï. Y son todos los monólogos y la vida de Lévine que nos hacen adorar Anna Karénine (aunque en su época lo criticaron por centrarse en Lévine más que en Anna), pues al igual que Lévine todos queremos darle un sentido a nuestra vida.
Esta entrada la comencé el 13 de noviembre (todo mundo sabe lo que pasó el 13 de noviembre en Paris), en ese momento quería terminarla con la sensación que me dejaron las últimas páginas cuando Lévine encuentra finalmente el sentido a su vida. Los últimos párrafos son, quizás muy simples para algunos, pero para mí estuvieron llenos de belleza que hasta lloré de felicidad. Pues de alguna forma yo ya lo había encontrado y no lo había valorado.
Pero después de lo que pasó en Paris, no tuve ganas de escribir, solo pensaba e intentaba entender. He estado muy perturbada y con miedo, pero apenas ayer me di cuenta que es justo eso que Lévine encuentra como sentido de su vida, que puede ayudarme ahora a seguir. Y es eso mismo, mal interpretado, que puede ocasionar tanto terror en el mundo. Creo que al final de todo Lévine tenía razón, lo importante es encontrar esa paz y la respuesta a tus preguntas, pero guardarlo para uno mismo.

jueves, 1 de octubre de 2015

Bella del señor

1. Libro de más de 500 páginas

Belle du Seigneur
Albert Cohen 
Folio
IBN 9782070404025
1110 pp










 Paris 11 agosto 2015 – Cerdeña 22 septiembre 2015

Escribir sobre libros no es fácil y hacerlo sobre Belle du Seigneur (Bella del Señor) no lo facilita nada. El problema no radica en que no me haya gustado el libro, sino en la riqueza y la complejidad de la obra. Recuerdo que una librera me dijo que este libro era especial y que no podía compararse en estilo a otros. Ahora que lo he terminado me doy cuenta de ello.
Buscando ideas encontré magnificas reseñas en el diario El País y los blogs Lo que leo, lo cuento  y Divagando, divagando que me parece absurdo intentar decir lo que otros escribieron. Es cierto que Belle du Seigneur es una historia de amor, algunos la consideran como LA historia de amor del siglo XX. Pero para mí es mucho más que eso, es sobre todo una obra maestra de la narrativa. En lo personal nunca había leído algo similar.
Desde los primeros capítulos entras en la cabeza de cada personaje, en lo que piensan y en como lo viven. Por ejemplo en las primeras páginas se descubre el diario de Ariane y con él se entra en su mundo, se ríe con ella y se siente una gran melancolía por su vida. Conforme avanza la historia surgen otros personajes como los padres del esposo de Ariane (Adrien Daume), cada uno tiene una forma muy peculiar de hablar y aquí el escritor se da el lujo de escribirte como ellos hablan, con sus faltas y muletillas. Cada vez que encontraba uno de estos diálogos sonreía, así, solo por la magia de la escritura. También existen capítulos enteros donde no hay puntuación, como en el Otoño del Patriarca de Gabriel García Márquez, pero a diferencia del segundo en momentos es difícil seguir el hilo de lo que pasa. Son capítulos que exigen concentración, pues es seguir los pensamientos de alguien y todos sabemos que cuando nos encontramos solos con nosotros mismos nuestras ideas saltan constantemente. Lo mismo pasa con estos capítulos, pero al llegar al final de ellos queda la impresión de un mejor conocimiento del personaje, como si en esos momentos el lector fuera él. Así podría seguir citando momentos que me  parecieron mágicos, pero es algo que hay que vivir en carne propia.
Un amigo que leyó el libro me dijo que estaba dividido en dos partes, la primera que es simplemente genial y la segunda donde predomina la historia de amor. Él me aclaró que como yo soy mujer, quizás disfrutaría la segunda parte al igual que la primera. Al terminar el libro no puedo decir si hubo una parte o no que fuera mi preferida. Pero sé que me dio mucha tristeza perder a personajes que me hicieron reír como M y Mme Daume, o  el tío de Solal (el amor de Ariane) y sus amigos, que me recordaron tanto a los acompañantes de Woland (Koroviev, Béhémoth y Azazello) en Le Maitre et Marguerite de Mikhaïl Boulgakov.
Antes de hablar de esas páginas de amor, me gustaría mencionar algo que me marcó mucho. Albert Cohen comenzó a escribir en 1930 pero es hasta 1968 que se publicó debido a la Segunda Guerra Mundial. Y es este ambiente hostil contra los judíos que acompaña la historia, desde el principio hasta el final. Yo aprendí mucho sobre el odio que se tenía a los judíos en toda Europa, pues para mí solo era Alemania que hacía propaganda antisemita. Hay un capítulo en especial que relata el encuentro entre Solal (Solal y Albert Cohen son judíos como sus apellidos lo indican) y unos judíos que se encuentran refugiados en una cava durante las ráfagas nazi en Alemania, que está lleno de fuerza y belleza. Durante esas líneas me sentí confundida, oprimida, desesperada y triste, muy triste. Simplemente hermoso.
Durante la historia de amor pasé de adorar los momentos de amor compartidos, aburrirme al máximo con la perfección de su amor (como le pasa a Solal), pasar por la ira y el coraje durante las escenas de celos. Y antes del final pensé que todas esas páginas quizás estaban de más, que Albert Cohen debería haber resumido un poco. Pero en los últimos dos capítulos todo tiene sentido, porque son esas 400 páginas de puro amor que te hacen sentir lo que el escritor quiso decir. Porque durante las últimas líneas sufres al recordar cada momento, lo revives en tu mente y todo está claro, eso es amor.
Terminé llorando como Magdalena con el final, hace mucho un libro no me hacía sentir así. El final me lo leyó mi esposo y se me hizo tan romántico, pero al mismo tiempo creo que perdí un momento que solo nos correspondía a Cohen y a mí, que no pude decirles adiós a Ariane y Solal.

Para mi segundo reto, un romance clásico, elegí Anna Karénine de Tolstoï. En realidad siempre me sentí incapaz de leer literatura rusa hasta que descubrí a Boulgakov. Gracias a mi librera y la emoción con que me describió Anna Karénine decidí leerlo y hasta ahora va muy bien. Mi esposo leyó La Princesse de Clèves de Marie-Madeleine de La Fayette y creo que las historias de amor no son lo suyo. Quizás tenga más suerte con el tercer reto.

martes, 25 de agosto de 2015

Cambiando de costumbres

Gracias a twitter descubrí muchos sitios sobre lectura, donde reseñan o recomiendan libros, sacan frases de escritores o simplemente imágenes de bibliotecas de ensueño. También he podido descubrir que eso que yo creía muy mío no lo es tanto, es decir, escribir sobre libros. Por ahí leí que leer te permite soñar que eres escritor (o algo así), y es algo que he verificado con la cantidad de blogs que he visto. Existen muchos de adolescentes, desgraciadamente yo ya dejé esa época hace mucho tiempo por lo que me cuesta leer los libros de esa edad, pero me siento muy contenta de que los jóvenes de ahora se sientan atraídos por la literatura y que dediquen su tiempo a escribir de ella. Otra cosa que me ha impresionado es la cantidad de libros que ven la luz cada día y es gracias a esos blogs (y los consejos muy acertados del librero) que uno se  puede guiar.
Yo reconozco que tengo solo algunos años, quizás 7, que he tomado seriamente la costumbre de la lectura. Así que no he leído mucho y sobretodo me he focalizado en los clásicos, pues siento que antes de morir debo leer esos libros que han marcado generaciones. Desgraciadamente eso me ha impedido descubrir lo que se publica en la actualidad. Además de que tengo la mala costumbre de una vez que encuentro un escritor que me gusta quiero leer todos sus libros. Pero gracias a los blogs me pregunto si no debería ampliar un poco más mi repertorio. Quizás leer autores que no conozca o temas que atraigan menos, que sé yo, leer libros de adolescentes o vampiros.
Y una vez más entre los blogs que he visitado encontré un reto de lectura, muchos deben conocerlo y talvez hasta terminado, pero yo acabo de verlo y me gustó mucho la idea. Este reto me va a obligar a buscar otros libros lejos de mi zona de confort. Entonces, mi esposo y yo decidimos comenzarlo hace una semana (creo que él acabara antes porque es muy buen lector). Los temas son:


  1. Un libro de más de 500 páginas: Bella del señor
  2. Un romance clásico: Anna Karénine, Orgullo y Prejuicio
  3. Un libro que se convirtió en película: Las cenizas de Angela
  4. Un libro publicado este año Le livre des Baltimore
  5. Un libro con un nombre/número en el título Demian
  6. Un libro escrito por alguien menor de 30
  7. Un libro con personajes no humanos
  8. Un libro de humor
  9. Un libro de autora femenina
  10. Misterio o thriller
  11. Un libro con una sola palabra en el título
  12. Un libro de relatos cortos 
  13. Un libro ambientado en otro país
  14. Un libro de no ficción
  15. El primer libro de un autor popular
  16. Un libro que no hayas leído de un autor al que adoras
  17. Un libro recomendado por un amigo
  18. Un libro ganador del Pullitzer
  19. Un libro basado en una historia real
  20. Un libro al fondo de tu pila de lectura
  21. Un libro al que tu madre adora
  22. Un libro que te dé miedo
  23. Un libro de más de 100 años
  24. Un libro basado en su portada
  25. Un libro que se suponía que tenías que leer en el cole pero no lo hiciste
  26. Una memoria
  27. Un libro que puedas acabar en un día
  28. Un libro con antónimos en el título
  29. Un libro ambientado en un sitio al que siempre hayas querido ir
  30. Un libro que salió el año que naciste
  31. Un libro con malas críticas
  32. Una trilogía
  33. Un libro de tu infancia
  34. Un libro con un triángulo amoroso
  35. Un libro ambientado en el futuro
  36. Un libro ambientado en el instituto
  37. Un libro con un color en el título
  38. Un libro que te haga llorar
  39. Un libro con magia
  40. Una novela gráfica
  41. Un libro de un autor al que no hayas leído nunca
  42. Un libro que poseas pero que nunca has leído
  43. Un libro que tiene lugar en tu ciudad
  44. Un libro escrito originalmente en otro idioma
  45. Un libro ambientado en Navidad Un cuento de Navidad
  46. Un libro escrito por un autor con tus mismas iniciales
  47. Una obra de teatro
  48. Un libro prohibido
  49. Un libro basado o convertido en una serie de televisión
  50. Un libro que comenzaste pero nunca acabaste

Normalmente es un reto por un año, pero yo estaría muy satisfecha si logro terminarlo en dos o tres. Entonces como primer libro escogí Belle du Seigneur de Albert Cohen. Bueno en realidad mi suegra me lo prestó hace mucho y cada vez que me ve pregunta si ya lo leí, así que era una buena oportunidad para hacerlo.  Con ese entusiasmo y motivada comencé mi viaje durante 1100 páginas de puro amor. ¡Deséenme suerte!
Por si les interesa, mi esposo comenzó a leer L’homme qui aimait les chiens  de Leonardo Padura. Debe estar muy bueno porque dejó a un lado las revistas de SoFoot y Guerre et Histoire. En ocasiones lo encuentro sentado en la orilla de la cama, silencioso, tranquilo, leyendo.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Nana

Descubrí a Emile Zola durante mis clases de francés. La primera novela que leí de él fue Au Bonheur de Dames, una historia de amor entre Denise Baudu y  Octave Mouret ambientada en el Paris del segundo imperio. Así que cuando llegué a estudiar a Paris, el primer libro que escogí fue Germinal. De esta forma honoraba a mi maestro de francés, a un escritor que comenzaba a conocer y a mi nueva vida en Francia. Y fue esta novela que me mostró lo que realmente era Emile Zola, no solo un excelente escritor, también un personaje comprometido políticamente y alguien que marcó época e incitó corazones con este libro o con su famoso J’Accuse.
Fue así que poco a poco fui conociendo a la familia Rougon-Macquart, pues después de Germinal leí La bête humaine, La terre, Le rêve y L’Assommoir. Este último simplemente me fascinó (mi favorito después de Germinal), viví cada momento de tristeza, desesperación y de logro con Gervaise, caí en lo más bajo del alcoholismo con Coupeau y detesté tanto a Lantier. Nunca me he sentido tan aliviada con el final de un libro, pues con la frase “Va, t’es heureuse. Fais dodo, ma belle!» supe que Gervaise descansaba finalmente.
Alguien que me marcó mucho de esta novela fue la hija de Gervaise y Coupeau, Nana. Esa niña con mirada maliciosa que era capaz de someter a todos sus compañeros de juego. Esa niña que miraba a Gervaise tener relaciones con Lantier sin sentir desagrado, sino más bien una cierta curiosidad. Entonces en mi siguiente Zola, decidí leer Nana. Anna o Nana se convierte en prostituta y se vuelve famosa gracias al teatro de variedades. Algo que descubrí fue que Zola detestaba ese género, por lo que lo describe grotescamente. Tengo que reconocer que a mí me gustaba Offenbach y después de saber lo que Zola pensaba siento que ya no es lo mismo.
Volviendo a Nana, después de que ella triunfa en el teatro (y no precisamente por sus dones actorales) se vuelve amante de burgueses y ricos de la sociedad parisina. Así Zola nos describe lo que en francés llama “la société mondaine” del segundo imperio, donde los condes(as), duques(as) y demás miembros de la burguesía se dejaban llevar libremente por sus deseos carnales. Nana comienza a montar escalones en la sociedad hasta un momento donde se cansa de todos y se vuelve amante de un compañero de teatro. Ella intenta llevar una vida normal, mujer en el hogar, esposa, madre y amante. Pero como en todos los libros de Zola, algo sale mal y termina reducida a mujer golpeada, prostituta de calle, perseguida por la policía y con tendencias lésbicas. Cuando finalmente toca fondo decide regresar al teatro con un personaje muy diferente a lo que era en realidad, una mujer de muchos valores de la alta sociedad. El fracaso es total e inmediato, por lo que decide volverse esa mujer en la vida real. Claro que para lograrlo se acuesta con cuanto rico la aborde, principalmente el conde Muffat. Es así que comienza su vida de “comedora de hombres”, consumiendo de cada uno su fortuna y dignidad. Aquí comienza la decadencia de Nana, pues se ve cada día más consumida por el vicio de sexo (ya sea con hombres o mujeres) y de fortuna. Hasta el momento que comienza a reconocer en lo que se ha convertido, entonces decide vender todo y viajar. En esta parte del libro me parece que algo hizo falta, algo sobre los remordimientos de Nana (si tenía) o la vida que llevó mientras estuvo lejos. Pues en el último capítulo encontramos a Nana enferma de viruela, tirada en una cama de un gran hotel y rodeada de mujeres, sin más detalles. En las últimas frases del libro, Zola describe la deformación que sufre Nana a causa de su enfermedad. Una Nana putrefacta como reflejo de su vida y al mismo tiempo como una alegoría a la sociedad francesa de la época. Todo esto bajo los gritos de “A Berlin! A Berlin”  que marcan el inicio de la guerra franco-prusiana y el fin de Napoleón III. 
Nana no fue uno de mis libros favoritos de Zola. Su muerte me pasó desapercibida pues no sentí que mi respiración se retenía mientras leía las últimas líneas hasta llegar a una euforia de saber que todo había terminado, como en el caso de L’Asommoir. Pero como aun me faltan 13 libros de la serie Rougon-Macquart, tengo la esperanza de encontrar a mi viejo amigo y todas las emociones que sus recitos me producen.

viernes, 12 de junio de 2015

El Principito

En algún momento se puso de moda en Facebook citar los diez libros que más te han gustado. Las listas eran muy variadas pues afortunadamente hay libros para todos los gustos. Sin embargo me sorprendió ver El principito de Antoine de Saint-Exupéry  en varias listas. Reconozco que ese libro nunca me había llamado la atención como para leerlo, pero estudiando francés mi maestro me prestó el libro.  Comencé a leerlo sin gran interés y con las primeras páginas tuve para formarme una idea errónea del libro. Así que rápidamente lo dejé a un lado y comencé a leer Zola. Quizás lo mío era más el naturalismo que la fantasía, pero ahora creo que mi cerebro de “gran persona” no me dejó descubrir la magia del cuento.
El tiempo pasó hasta ese famoso 26 de septiembre del 2014. En ese momento mi corazón estaba muy triste, recuerdo que caminaba por las calles pensando, llorando, intentando comprender cómo México había llegado a eso. Así fui a dar a las manifestaciones de mexicanos en el centro de Paris, estaba parada en frente de todos mis compatriotas, el viento helado me pegaba en la cara y mis lágrimas corrían por mis mejillas. Y creo que como muchos, me obsesioné por saber minuto a minuto lo que pasaba, pues tenía la esperanza de que los encontraran rápidamente vivos. Fue entonces que me encontré con una imagen del principito que decía: 
– ¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!
 Y un poco más tarde añadiste:
 – ¿Sabes?… Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol.
 – Entonces, ¿el día que viste los cuarenta y tres atardeceres estabas muy triste?
 El principito no respondió.
Cuando leí esa frase mi corazón sintió caer en un vacío y una gran melancolía me invadió. Haber leído eso me motivó a finalmente leer el cuento, pero como todo lector siempre tengo libros en espera. Así el principito me espero algunos meses sentadito en su pequeño planeta, hasta hace unos días.
Mi marido y yo tenemos una costumbre, en ocasiones él suele leerme antes de dormir. Pero hace tiempo no lo habíamos hecho y para recobrar esa buena costumbre decidimos que me leería El Principito. Comenzamos con la historia de la boa y el elefante, tengo que reconocer que al ver el dibujo lo primero que pensé es que más bien parecía un sombrero. Después de todo soy una gran persona ahora. La historia continuó y nosotros conocimos al principito, su planeta B 612 con sus baobabs y sus tres volcanes. Descubrimos el cotidiano del principito y su rosa orgullosa y vanidosa. Emprendimos el viaje del principito a través de otros planetas y conocimos al rey, al vanidoso, al borracho, al hombre de negocios, al farolero, el geógrafo,  hasta llegar al planeta tierra. Donde me enamoré del personaje del zorro, creo que fue él quien me domesticó y comencé a entender el sentido del libro. Aún ahora pensando en el zorro, lo veo observando los sembradíos dorados por el sol, creyendo y esperando que el principito regresará.  Y al igual que el principito entendimos que puede haber mil rosas en el mundo, pero solo hay una especial, aquella a la que le dedicaste el tiempo. Así nos despedimos del principito que decidió regresar a su planeta para ocuparse de su rosa. Y al igual que el aviador seguimos escuchando su risa inocente al ver las estrellas. Cuando cerramos el libro me sentí triste, melancólica, al saber que ese pequeño personaje no existe y que nunca sabré si regresó con bien a su planeta y si el borreguito no se comió la rosa.
El cuento me gustó mucho, pero no entendí porque a tanta gente le ha marcado ese cuento (es el segundo libro más traducido y leído en el mundo después de la biblia). Me puse a buscar la “filosofía del principito” para saber si me había perdido en el camino y no había captado algo. Entendí que es un libro escrito en plena segunda guerra mundial y que está lleno de alegorías a esa época, que más que un cuento de niños es un cuento que habla de las relaciones humanas y principalmente del amor. Que hay que conocer un poco la vida de Saint-Exupéry para entender lo que quiso decir con cada uno de sus personajes. Pero pensándolo ahora, creo que la magia del principito no radica en el “mensaje oculto” sino en la pureza del personaje. En eso que las grandes personas ya no entendemos, que desgraciadamente hemos perdido. 

jueves, 7 de mayo de 2015

El problema de la página en blanco


Hace algunas semanas terminé de leer Charlotte de David Foenkinos y a pesar de que me había propuesto escribir sobre los libros que leía, este libro no me inspiró nada. Escribí dos o tres versiones para el blog, intenté hablar de por qué siempre me ha interesado la segunda guerra mundial, de los daños colaterales del nazismo o simplemente de la historia de amor. Sin embargo una versión era peor que la otra, aburrida, lenta, sin pasión. Hoy creo que es el mismo reflejo del libro, del cual solo me quedó marcado una crítica literaria de “L’Obs” que me hizo reír y pone en mejores palabras lo que yo pensé de ese libro. Sé que a mucha gente le gustó el libro y hasta ganó el premio Goncourt de liceos y el Renaudot en 2014,  pero para mí solo fue un libro más.
Justo en ese momento de desesperación de la página blanca, comencé a leer La verité sur l’Affaire Harry Quebert de Joël Dicker. Así durante unas semanas estuve en silencio, absorbida por el libro, pensando, esperando, sospechando. Para quienes hayan leído el libro recordarán que comienza con la explicación de Quebert a su discípulo Marcus Goldman sobre cómo escribir el primer capítulo de un libro. Quebert sugiere que desde el primer capítulo el escritor debe conquistar al lector. Debe capturarlo y darle ganas de continuar hasta el final. En todo caso este libro lo logró conmigo.
La verité sur l’Affaire Harry Quebert es un libro dentro de otro libro. En pocas palabras, Goldman es un escritor con el problema de la página blanca después de haber triunfado con su primer libro. Bajo presión por escribir el segundo, recurre a su viejo maestro de universidad Quebert para recuperar la inspiración. Sin saber que en ésta búsqueda encuentra más de lo que esperaba.  
Pudiera contar más sobre el libro, pero creo que es algo que se tiene que ir descubriendo poco a poco. Solo puedo decir que para mí fue un viaje en el Estados Unidos profundo como el descrito por Truman Capote en A sangre fría, en una ciudad que pareciera salida directo de una pintura de Edward Hopper. Donde una historia de amor al puro estilo de Lolita de Vladimir Nabokov (Lo-li-ta, como N-O-L-A) cambia el rumbo de toda la ciudad y alborota a toda América. El libro te lleva de una sorpresa a otra y cuando crees que has entendido todo, hay nuevas cosas que pasan que cambian todas tus teorías. Pasas de amar a detestar los personajes y nunca llegas a conocerlos completamente. La historia juega con tu salud mental durante 800 páginas y es hasta el último capítulo que entiendes todo. Como si el escritor quisiera darte la puñalada final, así como le dice Quebert a Goldman en su consejo número 1.
Hay dos preguntas que perturban a Goldman: ¿cómo sabes que un libro se ha terminado?  ¿Cómo saber que es un buen libro? Quebert le responde que un libro nunca se termina, creo que tiene razón pues se queda en la memoria del lector, intentando entender, asimilar y pensar qué pasó después. Por otra parte, un buen libro es “aquél que el lector cierra al terminar, ve la portada, recuerda todo los momentos pasados juntos y comienza a extrañar los personajes que se quedan en él”. Simplemente no podría estar más de acuerdo. 

lunes, 16 de marzo de 2015

Cocinando recuerdos

Siempre he pensado que pequeños detalles nos hacen volver a vivir, como esa famosa Magdalena de Proust. Yo soy una eterna enamorada de los recuerdos, sin que eso signifique no me guste vivir el ahora. Los recuerdos son un viaje espacio – temporal que nos hacen recuperar a la gente que ya no está con nosotros y los lugares donde fuimos felices, así nada está perdido y todo queda guardado para siempre. Sin embargo nunca pensé encontrar el olor de tortas de chorizo en pleno metro de Paris con las palabras de un libro.
En realidad empecé a leer Como agua para chocolate de Laura Esquivel buscando recuerdos de mi infancia, de esa película que tanto me gustó cuando era niña. Pero no imaginaba que más que revivir una película, reviviría el sabor de mi México, de mi cultura y de mi identidad. He leído algunos libros que relatan la vida en Francia y me han gustado mucho, pero ninguno me ha despertado tantas emociones como el de Laura Esquivel. Desde las primeras páginas regresé a la cocina de mi abuela en Pozos, a ese olor a leña y frijoles, a esas tardes llenas de olores cuando esperaba que el pan estuviera listo en la panadería y sobre todo a todos esos momentos compartidos con ella, que construyeron lo mejor de mi niñez. Este libro me permitió recordar lo que significaba ser mexicana en la época de mi abuela.  Cuando las mujeres se ocupaban de cocinar todo el día, su principal problema era qué se va a hacer para la siguiente comida. Y por primera vez lamenté no haber aprendido la cocina de mi abuela, me entristeció saber que no habrá quien la haga más y que todo se fue con ella. Quizás no era la mejor, pero era la suya y la de su familia.
Entonces decidí construirme mi propia cocina, que quizás un día podría enseñarle a un hijo, o simplemente que él recordaría en su edad adulta el olor de la cocina de su madre. Lo primero que quise fue hacer los ejotes de mi mamá, para comenzar una tradición. Llamé a mi mamá e hice todo como ella me lo indicó, pero el resultado no fue el mismo y lo único que conseguí igualar fue la cantidad de sal. Al principio me entristeció, pero luego recordé cuando una vez hizo los ejotes tan salados que nadie podía comerlos, claro que por educación no decíamos nada. Hasta que ella se sentó y los probó, diciendo “como que se me paso la sal, ¿no?” Recordando esto me ataqué de risa y decidí construir desde cero mi historia culinaria. Entonces ayer me puse a hacer un pastel marmoleado. Sin entrar en detalles, solo tengo que contar que fue un completo desastre. Se me quemó y no sabía a gran cosa, solo una especie de tamal de chocolate que me recordó al pastel que hice con mi mejor amiga en la secundaria. Ella es mucho mejor que yo en la cocina pero a veces se le olvidan los huevos o cambia la harina de pastel por harina de tortillas, como en el caso de susodicho pastel.  Así que después de mis fracasos en la cocina me doy cuenta que si algo podré heredar es mi manía por la limpieza, que eso si es algo muy Gutiérrez y transcurrido generaciones.
La cocina se la dejaré a mi esposo, después de todo cuando un hombre sabe cocinar lo llega a hacer mejor que una mujer. Y afortunadamente ya no vivimos en la época de Mamá Elena, ahora él se ocupará de la alimentación y a mí me tocara la reparación. ¡Hurra, por los tiempos modernos!
En la búsqueda del tiempo perdido, o solo perdiendo el tiempo. Enamorada de los libros y los sueños que nos hacen vivir.

2017 Reading Challenge

2017 Reading Challenge
Ana has read 19 books toward her goal of 30 books.
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